Deja de quejarte ¡y ponte al lío!

e proponemos 10 consejos para cambiar quejas patológicas por acciones para el éxito.

Admitámoslo: ¡qué bien sienta quejarse cuando estamos hasta arriba de algo! ¡si es que soltar algún quejido que otro es una de las sensaciones más liberadoras! Pero, ¿nos hemos parado a pensar si esto realmente nos ayuda? o ¿cómo nos puede afectar a nosotros mismos y —¡ojo!— a los que nos rodean? ¿Usas la queja para desahogarte o como vía de escape para no afrontar tus tareas?

Tampoco se trata de estigmatizar la queja, porque al fin y al cabo estas son señales de alerta de que lo que estamos haciendo o tenemos por hacer no nos emociona del todo; sin embargo, podríamos empezar a analizar de qué nos quejamos y por qué y extraer algún aprendizaje de ellas. 

Tipos de quejas:

Se pueden diferenciar dos tipos de queja:

Por un lado, la queja terapéutica (o de desahogo): Es un tipo de queja puntual. Este es el tipo de queja que expresamos en momentos de tensión y que hace que al soltarlo nos sintamos mejor. Son las quejas esporádicas, que son muy liberadoras de cara a los conflictos internos o con otras personas.

Y por otro, la queja patológica (o constante). Esta es la peligrosa, ya que suele ser un hábito inconsciente que, en vez de liberarnos, suele ir convirtiéndose en una nube negra sobre nuestras cabezas, ya que genera un gran bucle de pensamientos intrusivos que terminan invadiendo nuestra vida personal y laboral. 

Cuando adoptamos una actitud de queja constante, estamos elaborando pensamientos persistentes y recurrentes que sin querer, se han integrado en nuestras rutinas diarias. Por eso tenemos que detectarlas y poner empeño en combatirlas.

Y sí, si te estás preguntando qué tiene que ver ser quejicas con la productividad, hemos de decir que la queja suele estar ligada a nuestra capacidad de rendimiento y productividad. La queja patológica es destructiva y tiñe de negro la forma en que nos relacionamos con nuestro entorno y el resto del mundo. 

Eliminar esta actitud de nuestra rutina no es algo sencillo ni automático, pero sólo con tomar conciencia sobre ellas, estaremos dando un primer gran paso para cambiar nuestro diálogo interno y externo. Entre otras muchas cosas, aumentaremos la productividad y tomaremos decisiones de forma más rápida y asertiva.

Te proponemos 10 consejos para cambiar la queja por el éxito:

Si lo que quieres es cambiar tus quejas patológicas por aumentar la productividad y optimizar de manera asertiva la toma de decisiones, te proponemos estas acciones que contribuirán directamente en tu gestión del tiempo, con el objetivo de transformarte en tu “yo”  más eficiente:

  • No more drama! Deja de quejarte y ¡ponte al lío! Desde que dejes atrás este hábito de quejas y resoplidos constantes, mejorará tu actitud ante la vida, y por supuesto, tu productividad. 
  • Detecta qué es lo que te da tanta pereza hacer. Si es un trabajo que no te gusta pero debes hacer, hazlo cuanto antes y quítatelo de encima. Si no te gusta y aún así debes hacerlo porque te has comprometido, ya sabes… hazlo, quítatelo de encima igualmente y cuando vuelva a ti un proyecto similar, aprende a decir “no” para no verte en la misma situación.
  • Comprométete con tu agenda. Apunta lo que tienes que hacer, ponle fecha y ejecútalo. Si no lo haces, lo postergarás y seguirá ocupando espacio en tu cabeza. ¿Y qué te aporta eso? Nada bueno, sólo frustración, desesperanza y quejas. ¡Sacúdete eso y ponte a ello! 
  • No mezcles los espacios de trabajo y personal. Muchas veces tendemos a aumentar nuestro agobio y ansiedad por no saber separar los ámbitos de tu vida. Recuerda: una mente descansada es una mente más productiva. Haz lo que tienes que hacer en el momento que debes hacerlo. 
  • Bloquea los pensamientos negativos. ¿Sigues repitiéndote que no vas a poder? Entonces nunca podrás. Cree en tus capacidades, empezando por las afirmaciones que crea tu propia mente.
  • Controla la ansiedad buscando alternativas; por ejemplo, haciendo ejercicio. Cuando sientas que tu yo interior va más rápido que tu propio cuerpo, no te quedes quieto retroalimentando el agobio. Debes actuar, darte cuenta y cambiar el chip. El ejercicio es un buen método que te ayudará a liberar toda la energía que tienes acumulada. 
  • Esto se aplica siempre que estés trabajando, pero aún más cuando estés haciendo algo que te cuesta: Desconecta de las redes, silencia el móvil, busca tu concentración. 
  • Marca límites de tiempo. La mayoría de las veces postergamos tareas que se podrían hacer en mucho menos de lo que pensamos, así que ponte un límite de tiempo para llevarlo a cabo, —pongamos 15 minutos—. Pasado ese tiempo, lo más normal es que ya hayas hecho la tarea o que le hayas cogido el gustillo y sigas con ella hasta acabarla. ¿No te lo crees? ¡Prueba! 
  • Introduce algún método de productividad: Pareto, Pomodoro, GTD… Hay muchos y seguro que encuentras el que más se adapte a ti.  
  • Ordena tu lugar de trabajo. El orden de tu alrededor hace que encuentres rápidamente todo lo que necesitas y que aumentes tu productividad. Trabajar en un espacio limpio y ordenado aumenta tu bienestar y tu efectividad durante la jornada.

Si aplicas estos hábitos, podrás solventar tus problemas de productividad y notarás grandes cambios en tu vida que vienen de pequeñas cosas.