A veces se gana… otras veces se aprende. Algunos trucos para crecer tras una derrota.

Aprender a perder. Crecer tras una derrota. Superar obstáculos. De todo se aprende. Perder para ganar. Dekairus agendas y planificadores. Digitales y físicos.

Si sueles leer nuestro blog, habrás notado que tenemos una gran preocupación: el tiempo; saber aprovecharlo y exprimirlo al máximo. Y si has llegado hasta aquí leyendo posts sobre cómo organizarte, optimizar el tiempo e incluso sobre cómo no hacer nada, es porque probablemente seas una persona de por sí disciplinada y exigente consigo misma. Si es así —nos alegramos de ir conociéndote—, tenemos algo más que contarte; porque está bien ser exigentes con nosotros mismos, pero siempre que la perfección no se convierta en un freno que nos impida lanzarnos, atrevernos a liarla, corregir el rumbo y, en definitiva, aprender de los errores. Por ello, en este artículo hablaremos sobre la importancia de “saber perder”. Y sí, queridos lectores, las derrotas están ahí, al acecho, nadie es inmune a ellas; pero tenemos una buena noticia: aunque duelen, nos hacen crecer.  

Es difícil aceptar una derrota. Pero, ¿qué es lo que haría o cómo actuaría alguien que de verdad quiere progresar tras haber perdido? La persona que quiere progresar hará un trabajo de reflexión y autoanálisis para poder corregir cada detalle. Por contra, la persona que responsabilice a todo el mundo excepto a sí mismo, difícilmente aprenderá de sus acciones y errores (lo cual aumentaría las probabilidades de que vuelvan a producirse).

Cuando asumimos y aplicamos el transcurso de la cadena “error – fracaso – lección”, todo se torna en un proceso de crecimiento personal. Evita las comparaciones con otras personas  que muchas veces albergan sentimientos insanos como frustraciones y envidia, y frenan el crecimiento personal, y pon tu foco en el aprendizaje y en la búsqueda del progreso hacia una mejor versión de ti mismo.

Entonces, ¿cómo hacer para salir fortalecidos de una derrota? Aquí te van algunos truquitos que a nosotros nos funcionan:

  1. Aléjate del problema. Intenta hacer el esfuerzo de verlo como si no te hubiera ocurrido a ti, como si le hubiera ocurrido a un amigo.. Así conseguirás dejar atrás la frustración personal y podrás centrarte en analizar lo que crees que ha podido salir mal para, con suerte, evitar volver a caer en el mismo error en el futuro. 
  1. Acepta el fracaso. Para asumir una derrota no debes negarla, ni ocultarla, ni tratar de responsabilizar a otros. Lo mejor es aceptar lo sucedido para poder afrontarlo lo antes posible.
  1. No acumules rabia, impotencia o frustración. Desde que se nos queda la espinita de haber perdido, el pensamiento frustrado permanece constante en nuestra mente imposibilitando ver más allá u obtener un aprendizaje sano de la situación. 
  1. Da más importancia al camino. Muchas veces la preocupación por alcanzar la meta nos nubla la mente sin tener en cuenta que el camino, aunque en ocasiones se torna difícil y puede que nos tropecemos más de una vez con diferentes piedras, troncos y baches, es lo bello. En el camino es donde ocurre todo.
  1. Ve la realidad tal y como es. Si has hecho la labor de analizar lo ocurrido, tal vez descubras que, efectivamente, no toda la culpa fue tuya. Hay que comprender que todos en algún momento fallamos, así que también es importante ver las cosas de manera objetiva y detectar qué podrías haber hecho mejor y qué no dependió de ti.
  1. Visualiza otras opciones. Es decir, ¿cuántas veces perdemos por no estar participando en la competición correcta? No podemos ser los mejores en todo, lo importante será que lo intentaste y que, seguramente, aprendiste de ello.
  1. Sal del “todo o nada”. Los estigmas de que las cosas deben ser blancas o negras poco a poco dejan de funcionar. Es preferible aceptar todas las gamas de color y comprender que existen puntos intermedios. Trata de darte cuenta de si estás yendo demasiado lejos en tu manera de ver las cosas y combate tus frustraciones con el fin de lograr mejores resultados las próximas veces.

A fin de cuentas, la vida no se trata de una competición. Consiste en avanzar, aprender y mejorar disfrutando de lo que venga y superando los obstáculos.