Da el primer paso hacia tus metas liberándote de las indecisiones y las dudas.

Manual de decisiones. Tomar decisiones de manera efectiva. Dar el primer paso hacia tus metas, salir del estancamiento y de tu zona de confort. Agendas y planificadores DeKairus.

Ya está, lo has decido. Esta vez sí que sí. Te has puesto un objetivo y es hora de ponerte manos a la obra para alcanzarlo. ¡Bien! ¡Celebrémoslo! Huy… pero… ¿qué es eso que viene por ahí? ¡Aaah! ¡Son las dudas e indecisiones! Pasen y vean, señores, la historia de otra persona que, ante el tembleque de piernas y las noches de tertulia con la almohada, se queda atrapada en un bucle de dudas y deja pasar otro sueño por no ser capaz de tomar decisiones.

Bien, si este microrrelato de terror te suena has de saber que, primero, esta situación es de lo más normal en cualquier persona que no se considere una kamikaze de la vida y, segundo, la indecisión no es algo que se “cure” de la noche a la mañana, pero hay recetas que te pueden ayudar a tomar decisiones con un poco más de facilidad o rapidez.

Para empezar, ten claro que decisiones tomas. Las tomas todos los días y a todas horas. De hecho, eres fruto y consecuencia de todas las decisiones, por pequeñitas que sean, que tomas en tu vida. Así que, con eso en mente, ten claro que no tienes ninguna incapacidad para ello. Otra cosa es que algunas decisiones te den un poco más de miedo y te bloquees. Y del miedo pasarás al estrés (porque es muy incómodo tener en la cabeza dando vueltas algo a lo que no puedes dar respuesta) y del estrés, al olvido, pues el cerebro es muy listo —y un poco vaguete— y preferirá olvidarse del asunto y recordarte que en realidad tampoco estás tan mal en tu zona de confort, antes de animarte a coger el toro por los cuernos. ¿Y entonces? ¡Pam! Otro sueño que se va al traste.

Pues bien, nuestro objetivo es darte unos sencillos trucos que pueden ayudarte a salir de esa situación de parálisis y ganar confianza para dar pasos hacia tus metas.

  1. Toma distancia del problema y defínelo de forma objetiva. Imagina que estás ayudando a un amigo y así no lo sentirás de forma emocional. 
  2. Haz una lista de las opciones que tienes y las consecuencias que podría suponer cada una de ellas. Una lista de pros y contras puede ayudarte.
  3. Identifica el miedo. Sí, sí: tu miedo. Muchas veces la indecisión se viste de perfeccionismo, de peros, de inconvenientes irreales… Párate y obsérvate. Busca en tu interior el motivo real que te está frenando y plántale cara. ¿De verdad quieres algo? Pues no permitas que el miedo te lo arrebate.
  4. Analiza: recuerda qué otras decisiones has tomado en situaciones similares, qué salió bien, qué pudo haber salido mejor, qué sentiste en ese momento…
  5. Ponte un poquito en lo peor: ¿Qué podría pasar si tomo una decisión y no sale tan bien como esperaba? ¿Sería tan malo como para no intentarlo? ¿Tengo un colchón por si me caigo? ¿Qué sería lo peor que podría pasar? ¿Es asumible el riesgo? Si lo es, probablemente tengas la respuesta. Y si no lo es, también. 
  6. Deadline: ponte una fecha tope para tomar la decisión. Lo importante es moverse, así que un poquito de presión te ayudará.
  7. Ve paso a paso. Cuando la indecisión se da porque hay demasiadas variantes y posibilidades sobre la mesa, simplemente haz algo que te desatasque. No tiene por qué ser un gran paso, solo tiene que ser “un primer paso“. 
  8. Ten paciencia: no esperes ver todo el camino para lanzarte, porque, de hecho, no existe: se forma a medida que avanzas. Abraza la incertidumbre y disfruta con la confianza de saber que, decidas, lo que decidas, eres tú quien está cogiendo las riendas de su vida.